POLÍTICA DE PRINCIPIOS/ El perfil que México requiere

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JUAN JOSÉ RODRÍGUEZ PRATS

¿Dónde está nuestra falla? ¿Acaso somos un pueblo no apto para la democracia? ¿Qué tan profundo ha arraigado en nuestras conductas y actitudes la inercia de violar la ley y de incurrir en el fraude electoral?

Una democracia disolvente es siempre antecedente y causa de la dictadura.

Jesús Reyes Heroles

Desde hace doce mil años, que gracias a la agricultura surgieron los grupos humanos sedentarios y, por lo tanto, alguna forma de organización política, se ha evidenciado el daño inconmensurable que se puede hacer desde el poder. Al final de cuentas tal parece que el mejor gobernante es el que menos daño hace y, si logra algún beneficio, ya es ganancia.

Desafortunadamente se ha desacreditado el papel del líder. Los estudiosos hablan de liderazgos funcionales y liderazgos patológicos. Los primeros obtienen resultados al menor precio posible y en beneficio de sus gobernados. Los segundos son aquellos que logran sustentar su poder en las debilidades de la ciudadanía; en otras palabras, los caciques, los caudillos o los líderes populistas.

¿Por qué Sudáfrica, con un poco más de la mitad del territorio de México y de su población, produce un Nelson Mandela? ¿Por qué en el Reino Unido, con un territorio un poco más grande que Chihuahua y con la mitad de la población mexicana se da un Winston Churchill o una Margaret Thatcher? ¿O el caso de Alemania con un Konrad Adenauer o una Angela Merkel? Si quieren una realidad más próxima a la nuestra, un Patricio Aylwin o un Ricardo Lagos de Chile, un Fernando Henrique Cardoso de Brasil; o Uruguay, un pequeño país que nos ha dado ejemplos de liderazgos políticos con autoridad moral; o Costa Rica, modelo de democracia.

¿Dónde está nuestra falla? ¿Acaso somos un pueblo no apto para la democracia? ¿Qué tan profundo ha arraigado en nuestras conductas y actitudes la inercia de violar la ley y de incurrir en el fraude electoral? El gran reto hacia el 2018 es cómo elegir una opción idónea para ejercer el poder.

La tarea demanda un enorme esfuerzo y un real compromiso.

En 1952, Adolfo Ruiz Cortines logró concitar el voto de los intelectuales y vale la pena destacar la opinión de cuatro notables mexicanos.

José Vasconcelos: “Votaré por Ruiz Cortines porque sus antecedentes son de hombre limpio, porque después de 30 o 40 años de andar entre ‘ocasiones’ que a tantos han enriquecido, sigue siendo un hombre sin fortuna personal”.

Alfonso Reyes declara conocer personalmente a don Adolfo, lo cual le ha permitido “poner a prueba su calidad en algunos asuntos relacionados con las labores culturales que él desempeña” Su decisión no obedece a “impulsos de gratitud personal o por inclinaciones subjetivas”.

Jesús Silva-Herzog señala una serie de atributos, destaco dos: “Porque ha declarado solemnemente que respetará y defenderá la libertad de pensar, de creer y de obrar” y “Porque mantendrá celosamente el decoro y la soberanía de México en cualquier circunstancia de acuerdo con nuestra hermosa tradición”.

Por último, Daniel Cosío Villegas señala la necesidad de dar su voto razonado porque “contra el coro zoológico completo (¿no se oye el graznar y el balido?), tengo la apesarada convicción de que México pasa por una honda crisis moral, política e intelectual. Creo más: habrá de resolverse dentro de unos años, es decir, le tocará al presidente que se elija en julio”.

A estos atributos agregaría que el próximo presidente de México debe ser un experto en la reconciliación para lograr legitimidad y consensos.

Estas reflexiones nos aproximan al perfil requerido. Desde luego, nada es garantía para el posterior desempeño, una cosa es el candidato y otra el funcionario en el cargo. Sin embargo, sí es posible sustentar un voto razonado. Nuestra democracia lo demanda, las nuevas generaciones lo exigen, las circunstancias lo reclaman. Es mucho lo que está en juego para permitir que nos venza la inercia, el conformismo o la apatía.

 

Cuarto Poder de Tamaulipas/