POLÍTICA DE PRINCIPIOS / El PAN

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JUAN JOSÉ RODRÍGUEZ PRATS
Todos coinciden en que Acción Nacional en el poder no estuvo a la altura de sus principios, no resiste un cotejo frente a las grandes expectativas que ofrecía…
El PAN es un partido fundamentalmente doctrinario, hasta que conquista la Presidencia de la República
Francisco José Paoli

Hoy participaré en la presentación del libro El amasiato, de Álvaro Delgado, en la Feria Internacional del Libro Zócalo. Lo hago por varias razones. Con Delgado uno puede disentir, confrontarlo, atacarlo, pero no puede uno ignorarlo. Lo escrito es demasiado grave, como reportero relata hechos que deben tener consecuencias y llamar a una seria reflexión.
Su libro es uno más de los que analizan lo sucedido al PAN al arribar al poder. Se suma a Enrique Krauze, a Soledad Loaeza, a Francisco José Paoli, (quien habla como académico y exmilitante), Ernesto Núñez, Manuel Espino y otros más. El tema merece el más riguroso análisis. El PAN lo intentó a través de una comisión para tales efectos presidida por un notable militante, Jorge Luis Coindreau.
Todos coinciden en señalar que el PAN en el poder no estuvo a la altura de sus principios y doctrina, no resiste un cotejo frente a las grandes expectativas que ofrecía en el momento de asumir la Presidencia de la República. La administración de Vicente Fox logra distinguirse en algunos aspectos, sobre todo, en su respeto al partido, pero en el segundo sexenio se dio su más profunda crisis.
Antes del 2000, los conflictos derivaban de la recurrente discusión entre abstenerse o participar en los procesos electorales. O bien, si dialogaba con el gobierno o se mantenía en una confrontación a rajatabla. Me parece que de 2007 a 2015 hay un problema grave de identidad, de un alejamiento de sus principios pregonados desde el origen. Durante los periodos de Luis Felipe Bravo y Manuel Espino, Acción Nacional se conservó como una institución concebida para ser independiente y autónoma. Se mantuvo su divisa de origen: luchar contra el partido hegemónico, imbricado con el gobierno y al que se le denominaba “PRI gobierno” o “partido de Estado”.
En 2007, Espino no pudo concluir su ciclo por la embestida gubernamental y caer, precisamente, en lo que se había criticado. Los panistas siempre distinguían entre el partido en el gobierno y el partido del gobierno. Si habían sido críticos con sus adversarios, con mayor razón debían serlo con los emanados de sus filas. El mensaje a partir de ese año es que la única manera de gobernar a México es imitando las viejas prácticas priistas.
Preocupa que haya una profunda resignación en la ciudadanía mexicana. Sinceramente, yo esperaba reacciones de lo escrito por los autores mencionados, sobre todo, en el caso de Delgado. Sus afirmaciones me parecen una denuncia de extrema gravedad que hace caer las fachadas de una falsa democracia.
Ante el desengaño y el conocimiento de la verdad, no pasa nada y escuchamos: “Es natural”, “Es la costumbre”, “Corresponde a nuestra cultura”, “En México no pasa nada y cuando pasa, no pasa nada”, “Todos lo hacemos”, “El que esté libre de culpa que tire la primera piedra”.
La inercia nos ha vencido, por eso voy a comentar el libro de marras. La más límpida tradición panista consiste en confrontar ideas y no rehuir a la verdad o a la crítica. El debate es apasionante. Involucra muchos temas, que van desde la condición del mexicano hasta nuestra aptitud hacia la democracia. Es preciso reconocer las equivocaciones y denunciarlas con todo valor. Da la impresión de que tenemos miedo a la verdad, que se nos diga la magnitud de nuestra crisis. Sin este reconocimiento previo el peligro de retroceso es inminente.
Como bien dice Tzvetan Todorov: “Hay lugar para una política que ofrezca un ideal que todos podamos compartir”.
PD. Insisto a mis correligionarios en el Senado: la medalla Belisario Domínguez para Gonzalo Rivas Cámara. Su acto heroico es incuestionable.

Cuarto Poder de Tamaulipas/