POLÍTICA DE PRINCIPIOS/ “El modito”

0
1207

 

JUAN JOSÉ RODRÍGUEZ PRATS

No hay método infalible ni podemos acariciar nostalgias hacia fórmulas del pasado. Sólo nos queda nuestra intuición para, analizando las diversas opciones, percibir al mejor abocado para ejercer el poder. Eso me lleva a recordar a don Daniel Cosío Villegas y su calificación del estilo personal de gobernar y a don Adolfo Ruiz Cortines, quien lo denominaba “el modito”.

Nada puede esperar de Dios una persona así, indecisa e inconstante en todo cuanto emprende.
Santiago, 1:7-8, BTI

La historia de Roma, solía decir Napoleón, es la historia del mundo. Sus mil 200 años de predominancia en todos los órdenes brindan lecciones a toda la humanidad. Elegían a su dirigente, salvo en el periodo de la República (510-44 a.C.), mediante la adopción, método que describe Marguerite Yourcenar en sus Memorias de Adriano: “El Imperio debe pasar al más digno; bello es que un hombre que ha probado su competencia en el manejo de los negocios mundiales elija su reemplazante, y que una decisión de tan profundas consecuencias sea, al mismo tiempo, su último privilegio y su último servicio al Estado”.
Se suceden, del año 14 al 68 de nuestra era, cuatro sátrapas que hicieron del poder un ejercicio de barbarie: Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón. Años después (96-180 d.C.), mediante el mismo procedimiento, cinco emperadores, en contraste, concentran la sabiduría en el poder por su prudencia, su sensatez, su sentido del cumplimiento del deber: Nerva, Trajano, Adriano, Antonio Pío y Marco Aurelio. Fue la última etapa de la grandeza romana.
¿Por qué el mismo método fue tan negativo en un periodo y tan exitoso en otro? ¿Corresponde acaso a periodos cíclicos? ¿Entramos en el terreno de errores y aciertos de los hombres en el poder? ¿Se trata de la permanente lucha entre ideales, intereses y pasiones que es la política?
Muchos siglos después, surgió la democracia, un sistema, en teoría, menos vulnerable. La voluntad ciudadana elige al gobernante, que se somete a una permanente vigilancia, a dividir el ejercicio del poder para evitar su abuso y, al final, a rendir cuentas y dar pauta a la posibilidad de la alternancia. Muchos teóricos han señalado los elementos para hacerla exitosa: ingreso, escolaridad, periodos de maduración, etcétera. Señalaría tres supuestos indispensables: ciudadanía informada, enterada y que ejerce su voto con plena responsabilidad, superando las posibilidades de la cooptación del voto o de la distorsión de políticas sociales que devienen clientelas electorales; Estado de derecho que, mediante la observancia de la ley, permita una contienda equitativa; y una clase política responsable que aspire a los cargos públicos, consciente de que se aproxima al perfil requerido por el cargo; es decir, percibir fortalezas y debilidades mediante una autocrítica exigente y ética.
Este método llevó al poder a Barack Obama, quien, desde mi punto de vista, respondió a las expectativas y le imprimió a su gobierno un sello que lo distingue y enaltece. Sorprende y asombra que el mismo pueblo elija como su sucesor a quien no podemos siquiera calificar de político y cuyas características están en el otro extremo.
Para nuestro infortunio, el fenómeno parece repetirse en muchas partes y amenaza a algunas naciones en que líderes con personalidad autoritaria pretenden dirigirlas. Como bien dice Zygmunt Bauman, parafraseando a Marx, “un espectro se cierne sobre el planeta, el espectro de la indignación”. La coincidencia es de una enorme peligrosidad.
Una conclusión aflora: no hay método infalible ni podemos acariciar nostalgias hacia fórmulas del pasado. Sólo nos queda nuestra intuición para, analizando las diversas opciones, percibir al mejor abocado para ejercer el poder. Eso me lleva a recordar a don Daniel Cosío Villegas y su calificación del estilo personal de gobernar y a don Adolfo Ruiz Cortines, quien lo denominaba “el modito”.
Amabilidad, cordialidad, congruencia entre dichos y hechos, una vida personal que corresponda a ciertas virtudes elementales y, sobre todo, sin rasgos autoritarios, pueden ser, con el riesgo siempre de equivocarse, las señales que orienten nuestro voto.

Cuarto Poder de Tamaulipas/