AUTONOMÍA RELATIVA/ Peña: más solo que nunca

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JUAN IGNACIO ZAVALA

El miércoles pasado vaticiné que Videgaray no se iría porque era el estilo de la casa. También dije que la que se tenía que ir era la canciller Ruiz Massieu por una cuestión básica de dignidad, pues fue claro que no es de las confianzas del Presidente. No pasó nada de lo que dije: Videgaray se fue y la canciller, inopinadamente, sigue ahí.

La salida del poderosísimo ex secretario de Hacienda no es cualquier cosa. Exhibe la dimensión que tuvo la estupidez de invitar a Trump y tratarlo como si fuera jefe de Estado. Algunos números tendrán en la Presidencia que aceptaron la renuncia de Videgaray. De los datos disponibles llegué a escuchar que más de 80% de la población se enteró de la visita del magnate norteamericano. Es un porcentaje altísimo. Esa cifra se logra cuando hay ganador en una elección presidencial o noticias de ese calibre. De ese porcentaje casi 90% estaba contra la invitación. Lo de Trump, sin duda, es uno de los principalísimos eventos de este gobierno. Y fue otro desastre. De inmediato se supo que el autor del desaguisado había sido el entonces responsable de la economía. Don Luis tuvo que ir a defender su iniciativa a un programa de televisión y unos cuantos días después renunció.

Videgaray era el hombre fuerte del Presidente, el hombre de las confianzas. Sus redes ya estaban en primera fila en todas partes, lo mismo en el gobierno que en el partido y, ya vimos, en las relaciones internacionales. Era el triunfador de todos los fiascos gubernamentales, nunca se limitó a su área de responsabilidad. Lo que se sospechaba se confirmó la semana pasada: que quien le hablaba al oído al Presidente. Y el Presidente le tenía toda la confianza.

Un Presidente no confía igual en todos sus subordinados, siempre hay alguien a quien le comenta sobre los demás o con quien ve la situación general de su gobierno. Eso lo saben todos los del equipo y respetan la situación del elegido, se le acercan para lograr favores, para contar con su influencia. Normalmente el cercano acompaña al Presidente todo el gobierno y son tan temidos como odiados al final. Sin duda, la salida de Videgaray dejará un hueco enorme en el funcionamiento cotidiano del gobierno. Esas piezas no son reemplazables. Calderón, por ejemplo, nunca se repuso de la pérdida de Juan Camilo.

El resultado del caso Trump es que el Presidente está más solo que nunca o, peor aún, está en manos de Chong.

 

Cuarto Poder de Tamaulipas/

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