POLÍTICA DE PRINCIPIOS/ El PRD y la CDMX

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JUAN JOSÉ RODRÍGUEZ PRATS

El verbo hace carne también en política.
Jorge Semprún

El próximo año, el PRD cumplirá dos décadas gobernando la Ciudad de México. Procedo a señalar algunas fallas.

Cuauhtémoc Cárdenas asumió el cargo para preparar su campaña a la Presidencia.

En un claro propósito de distraer la atención sobre sus propios actos de corrupción, de los cuales jamás recibimos una explicación verosímil, Rosario Robles procedió penalmente en contra de Óscar Espinosa, tres años después de que éste dejara de ser regente. Espinosa fue absuelto.

Andrés Manuel López Obrador arrancó su campaña con un lema: “Por el bien de todos, primero los pobres”. Sin embargo, en la conformación de sus políticas públicas, su prioridad fueron los segundos pisos, obra que beneficia a quienes tienen dinero. Creó, además, una universidad de nulo rendimiento y diseñó una política social populista con claro propósito electoral.

Alejandro Encinas, a quien aprecio y respeto, privilegió el apoyo al candidato designado por AMLO, Marcelo Ebrard, quien sin duda —y esto ya es bastante decir— cometió un acto de corrupción escandaloso con la construcción de la Línea 12 del Metro.

En el gobierno de Miguel Ángel Mancera ha sido evidente el deterioro de todos los servicios. Las delegaciones se han caracterizado por una brutal corrupción.

Usted, desde luego, se preguntará por qué, si se ha gobernado tan mal, los ciudadanos eligen a los candidatos perredistas y morenos. La explicación es muy sencilla: el PRD y Morena se posesionaron de las estructuras corporativas creadas por el PRI. Son evidentes los cacicazgos y los feudos de poder presentes en la capital del país.

La nueva constitución entrará en vigor el próximo 5 de febrero y, si no se modifica la iniciativa presentada, los problemas se agravarán y se desarticulará aún más el gobierno. Vendrán confrontaciones, como ya hemos visto, entre autoridades delegacionales y autoridades centrales, en detrimento de los servicios.

Alejandro Encinas escribe un artículo en defensa de este texto en el que acusa de neoliberales a quienes lo hemos criticado. Afirma que con la nueva carta magna terminará una era de 192 años en que se le negó a la ciudad su autonomía política. Me sorprende que un hombre de izquierda le conceda tales posibilidades al derecho para modificar la realidad, cuando el marxismo ubica los ordenamientos jurídicos en la superestructura, como simple reflejo de las relaciones de producción.

No, mi estimado Alejandro, tú estás defendiendo una constitución neoliberal que sólo beneficiará a los más ricos, que tendrán acceso a los recursos jurídicos y, por lo tanto, a todos los derechos otorgados tan generosamente por el texto de marras. Es un claro ejemplo de la forma en que ha degenerado el juicio de amparo, auténtico boccato di cardinale para los despachos jurídicos. Los abogados han llegado al refinamiento de tener machotes para cobijarse en esa figura, convirtiéndola en un muro para evitar la aplicación de la ley, además de haber, prácticamente, demolido los poderes judiciales de las entidades federativas, por la centralización de la administración de justicia.

Desgraciadamente, en la elaboración de leyes, vemos una inmensa irresponsabilidad sin medir las funestas consecuencias que puede traer un cambio. La ley es delicada, debe ser tocada lo menos posible y con enorme cuidado, debe tenerse claro qué quiere alcanzarse para acreditar su observancia. En este caso, hay una falla central: se privilegia el espectáculo frente al trabajo serio; se le da prioridad al cambio mesiánico, olvidando los modestos alcances del derecho.

No cesaré de insistir, si una ley no es de posible cumplimiento, es falsa.

Cuarto Poder de Tamaulipas/