LA EXPROPIACIÓN PETROLERA (UNA VISIÓN CIENTÍFICA DE LA HISTORIA) 18 DE MARZO DE 1938

0
290

Daniel Molina

La lucha de los grandes capitales extranjeros por apropiarse de los recursos naturales de otras naciones, tuvo en nuestro país, una de sus manifestaciones más clara a partir de 1901, en que México descubre grandes yacimientos de petróleo.

El primer pozo de petróleo superficial fue perforado en 1862 en el estado de Tabasco. México estaba gobernado por el Emperador Maximiliano, quien emitió un decreto permitiendo la explotación de este recurso, siempre y cuando el gobierno diera permiso. Con esta legislación se otorgaron 38 concesiones petroleras a particulares.

Bajo la presidencia de Porfirio Díaz, comenzaron a llegar a México las primeras empresas estadounidenses para hacerse cargo de los yacimientos. Así como El Águila, que manejaba el 50% del mercado, se establecieron en el país empresas como la Compañía Petrolera de California, Water Pierce Oil Company, Royal Dutch Shell, Mexican Petroleum Company, Huasteca Petroleum Company, Texas Co, El Águila, Compañía de Petróleo Atlántica, Continental Mexican Petroleum Co; por mencionar algunas. Se refinaba petróleo en Villa Cecilia y en Pueblo Viejo, hoy Ciudad Madero, Tamaulipas; en El Ébano, San Luis Potosí; Minatitlán, Mata Redonda, Tamiahua, Agua Dulce y Cerro Azul en Veracruz; todo en manos de estas empresas.

Con la Ley del Petróleo, promulgada en 1910 quedan establecidos privilegios para las empresas petroleras extranjeras, como no tener que pagar impuestos de importación de los equipos necesarios para explotar los yacimientos; el capital invertido quedó libre de gravamen fiscal durante los siguientes diez años. Por último, se dio vía libre a la compra de terrenos nacionales a precio de baldíos; todo a cambio de pagar al gobierno central un 7% de los beneficios, así como otro 3% al gobierno del estado en el que estuvieran los pozos. Para 1920 existían en México 80 compañías petroleras productoras y 17 exportadoras, cuyo capital estaba integrado en un 91.5 por ciento por empresas anglo-estadunidenses. La refinación se multiplicaba rápidamente y para 1920, México ya era el segundo productor mundial.

Pero toda la ganancia fue para estas empresas; en tanto que a los trabajadores mexicanos encargados de construir las refinerías y oleoductos, además del bajo salario, laboraban en condiciones infrahumanas en muchos casos.

En ese ambiente, las refinerías se convirtieron en semilleros de la lucha obrera: para el funcionamiento de las refinerías, las compañías daban trabajo de planta a electricistas, soldadores, mecánicos, fogoneros, técnicos y trabajadores calificados como perforadores, medidores, probadores, mayordomos, lo que les permitió organizarse. En Tampico ya había organizaciones de ferrocarrileros, electricistas, alijadores y panaderos que influyeron en sus compañeros.

En 1915 los trabajadores petroleros de la Huasteca Petroleum, del Águila, los electricistas del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), alijadores y estibadores; exigían ya, jornadas de 8 horas, un día de descanso semanal, servicio médico, respeto al escalafón, reparto de utilidades, una tienda de abasto barata. La negativa de las empresas a garantizar los mínimos derechos de los trabajadores llevó al estallido de huelgas en 1917 y en 1919. Ese año los Trabajadores Unidos de La Pierce que habían formado un Sindicato de Empresa estallaron la huelga por un mes, que fue reprimida brutalmente; varios trabajadores fueron asesinados y 18 fueron enviados a las Islas Marías.

Mientras la situación de los trabajadores no mejoraba, la organización sindical iba en ascenso. En 1923 se fundó un sindicato de empresa en El Águila, en Ciudad Madero; los ferrocarrileros se organizaron en 1933 y los mineros en 1934. En ese mismo año se organizó una federación de petroleros que incluía a trabajadores de Minatitlán, Agua Dulce, Puerto México, Nanchital y Las Choapas. En mayo de 1934 estalló una huelga y lograron la creación de comisiones mixtas.

El 27 de diciembre de 1935 por fin se logró la unificación de 35 sindicatos en el sindicato nacional de industria, el Sindicato Único de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (SUTPRM) que exigió la firma de un contrato colectivo de trabajo. El 3 de noviembre de 1936 presentó a la empresa un proyecto de contrato, al tiempo que la emplazó a huelga para el día 27. El presidente Lázaro Cárdenas actuó como mediador, con lo que se aplazó la huelga para que las empresas satisficieran las demandas de los trabajadores. La situación llegó al límite ante la intransigencia de las empresas extranjeras.

Por fin el 28 de mayo de 1937 estalló la huelga por el contrato colectivo de trabajo y una serie de prestaciones mínimas. Se suspendió el suministro de gasolina en las estaciones de servicio durante 12 días causando un gran caos nacional. Cárdenas intervino para proponer que se levantara la huelga el 9 de junio de 1937. La Junta de Conciliación y Arbitraje dio la razón a los trabajadores el 18 de diciembre, pero las empresas se ampararon para no cumplir con las disposiciones de la Junta. El 1° de marzo de 1938, la Suprema Corte de Justicia confirmó el laudo de la Junta. Las empresas estaban obligadas a cumplir la ley, pero se rebelaban; entonces Lázaro Cárdenas decretó la expropiación petrolera el 18 de Marzo de 1938.

En los años veinte del siglo pasado, el panorama nacional era caótico y el ambiente internacional se caracterizaba por una vertiginosa crisis revolucionaria; y se avecinaba un periodo más grave: el de la crisis del 29, los modelos keynesianos aplicados para EE.UU por Roosevelt en el llamado “New Deal” estaban muy alejados de ser aplicables a Latinoamérica y mucho más al conflicto petrolero. Tras la gran depresión y la crisis del mercado mundial, el mundo sufría de una gran recesión económica; surgían huelgas por todos lados; el comunismo estaba en auge, nacía la conciencia proletaria, crecía el descontento, se recrudecía el clasismo y estallaban ya los conflictos político-militares que darían origen a la Segunda Guerra Mundial.

En este entorno el presidente Roosevelt estimó que los dueños de Compañías Petroleras en México, ofrecerían el petróleo al mejor postor en época de guerra, y el mejor postor era la Alemania Nazi. Además, cabía la posibilidad de que los germanos ocuparan Holanda, los países Bajos, Francia y Gran Bretaña y con ello, ganarían el derecho de controlar las empresas petroleras de las naciones vencidas, por lo que, en otras palabras; asegurando su apoyo a la expropiación, el presidente norteamericano aseguró el suministro de petróleo que necesitaría para su incursión en la guerra intercontinental. Por su parte, Lázaro Cárdenas con esta acción, garantizaba la energía barata que demandaba la naciente burguesía mexicana, que junto con la implementación del reparto agrario, vendrían a fortalecer el control económico y político del país.

 

Cuarto Poder de Tamaulipas/